Para los amantes de los placeres, la gastronomía es un arte, donde lo más importante es poder degustar y percibir los sabores en particular y los efectos combinatorios. Para esto, debe haber una armonía perfecta entre lo que se come y lo que se bebe.
El maridaje, justamente, es la perfecta relación de armonía entre un vino y el alimento que lo acompaña. Y este adquiere diversas particularidades según sea vino tinto o blanco puesto que se ponen en juego dos elementos de suma importancia: el sabor y la textura del vino. Mientras que los vinos blancos necesitan alimentos que mariden bien por el sabor y la acidez, los vinos tintos logran un maridaje armonioso con los alimentos de mucho más cuerpo, gruesos y sólidos, por su sabor y textura.
Un sostén perfecto para esta bebida resulta ser el queso, ampliamente utilizado en las catas de vinos. Lo importante a saber sobre ambos elementos es que ninguno debe imponerse ante el sabor del otro: la combinación de queso y vino debe alcanzar lo que se conoce como un equilibrio o balance de sabores, siguiendo los mandamientos de este arte. Un vino muy complejo no debe acompañarse con un queso complejo porque chocarían los aromas y sabores de uno con los del otro.
Por ello, hay una regla de suma importancia a la hora de hacer una cata de esta bebida: Mientras más blanco y fresco sea un queso, más frutal y suave deberá ser el vino. Por el contrario, mientras más duro y oscuro sea el queso, el vino deberá ser mucho más fuerte. En algunas ocasiones, se apela al contraste de sabores combinando, por ejemplo, quesos muy salados con vinos dulces, quesos picantes con vinos picantes o quesos grasosos con vinos ácidos.
Como conclusión, un queso de cabra será la combinación perfecta para un Sauvignon Blanc como un queso Azul lo será para un Torrontés. Un Gruyere podrá equilibrarse muy bien con un Merlot y un Regianitto con un Cabernet Sauvignon. Finalmente, nuestra uva por excelencia, el Malbec tendrá siempre como sostén ideal un delicioso queso Cheddar.
Otro consejo de suma importancia es que para acompañar un vino, los quesos deben mantenerse frescos: Se deberán servir entre 8º a 17º C, según su naturaleza y maduración, razón por la cual se sugiere retirarlos de la heladera una hora antes de la cata prevista.
Lo importante es saber combinar ambos sabores, de tal modo que se puedan apreciar por completo en nuestro paladar.
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