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No estamos ni a favor ni en contra del consumo orgánico ni del consumo de fast food, por establecer los extremos. Pero si queremos promover que la elección de productos que ingerimos sea mas consciente, y quisimos aportar un poco de luz sobre la materia.

Los alimentos «biológicos», «ecológicos» u «orgánicos» contienen más nutrientes vitamínicos y minerales, y presentan menos riesgos para la salud que los convencionales por no usar agroquímicos. El alto valor nutritivo de los orgánicos -frutas, hortalizas, lácteos, cereales, carnes, aceites, miel, dulces, azúcar, jugos concentrados, vinos- surge de la forma de producción, basada en procedimientos que respetan la salud del medio ambiente y la humana, ya que aprovechan la riqueza natural del suelo y no utilizan agentes químicos, como fertilizantes o pesticidas, cuyos residuos son dañinos.

Distintas investigaciones coinciden en que la preocupación por la salud es el principal factor que mueve a los «consumidores verdes «. Hay diferentes grupos de consumidores “verdes”. Uno está integrado por los «consumidores orgánicos altamente concientizados», que consideran riesgosos los alimentos convencionales por la eventual presencia de hormonas en pollos, pesticidas en hortalizas y frutas frescas, y conservantes en productos procesados. Prefieren comprarlos en negocios especializados, ya que la procedencia del producto es para ellos un factor clave. Quienes más compran alimentos naturales son las mujeres con alto nivel educativo, preocupadas por la salud familiar, pero también por el bienestar de los animales y las prácticas de producción.

Otro grupo abarca a los consumidores potenciales de productos orgánicos. Preocupados por su salud, se cuidan en las comidas y consumen alimentos frescos y naturales; reconocen el riesgo de consumir alimentos con hormonas, pesticidas y agroquímicos, y no priorizan el sabor, sino el contenido nutricional de sus comidas.
En lo que si coincide la mayoría de los consumidores de productos orgánicos o que tiene intención de consumirlos, es en que si fueran más baratos comprarían alimentos orgánicos o incrementarían su consumo.

¿ Por qué son mas caros los productos orgánicos ?

La cadena de producción, almacenaje, envasado y distribución de estos alimentos es más costosa que la convencional: requiere más tiempo preparar el suelo, si aparece una plaga no recurre a un agroquímico, respeta los ciclos de la naturaleza, almacena los productos en cámaras frigoríficas que no pueden tener contaminantes y todo está auditado, si es que los productos tienen sello de “orgánicos”. Aunque este procedimiento es más costoso, tiene una clara ventaja: preserva el medio ambiente.
La producción orgánica es una forma de encarar el sistema productivo, que respeta la biodiversidad, no contamina y previene el daño que provocan las deforestaciones. Los alimentos orgánicos, además de ser más saludables, hacen su aporte a la integridad del medio ambiente, otro factor indiscutible de salud.

En Argentina, las normas de control siguen criterios internacionales y están reguladas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), pero la certificación está en manos de empresas privadas. Las palabras orgánico, ecológico o biológico están legalmente reservadas a los alimentos que pasan por los controles de alguna de las cuatro certificadoras que actúan en el país. La etiqueta de estas empresas en el envase del producto es la única garantía que el usuario tiene a la hora de corroborar si lo que compra es verdaderamente orgánico.

En el resto del mundo: Lo local y cercano

La llamada locally grown, o producción local, cada vez toma más vuelo. La idea de que la fruta sea producida en los alrededores o en un campo cercano, da la sensación de tener control sobre lo que se está comiendo. De ahí el éxito de los llamados farmer’s markets , fenómeno norteamericano en el que los agricultores venden directamente la fruta, a veces en los estacionamientos de los supermercados.
La crisis no ha afectado el consumo sino que lo habría cambiado. En Europa y Estados Unidos, los consumidores con poder adquisitivo, aunque con menos efectivo, siguen teniendo recursos para comer rico. El gran cambio es que van menos a restaurantes, pero cocinan con productos de primera calidad en casa, aprovechando también internet y el boom de los chefs y recetas por YouTube.

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